| Aníbal Bascuñán, astrólogo.
Felipe Banderas, psicólogo.
La participación de la astronomía en la astrología es desde siempre. Esta cooperación es involuntaria y seguramente indeseada por algún sector de los astrónomos. El asunto es que cada vez que se descubre un planeta, los astrónomos le asignan el nombre de un dios romano y la astrología lo interpreta según la mitología griega. La astrología recoge los sucesos sociales, pensamientos, sentimientos y vínculos míticos que puedan relacionarse con el momento en que un planeta es descubierto y así interpretar la energía de ese planeta como un símbolo, el cual se hace presente en toda la humanidad. Así pasó con Urano, Neptuno, Plutón y Quirón. Su descubrimiento significó una apertura de conciencia.
Por tanto si uno de estos planetas deja de serlo, significa -por la lógica de la astrología- que esa energía ya no esta entre nosotros, no al menos, en la interpretación individual de una carta astral, sino en la globalidad de la situación.
Entonces, si cuando un planeta es descubierto éste es investido con una carga simbólica, ¿qué ocurre ahora que Plutón deja de ser un planeta? ¿Plutón ha perdido valor representativo?
No es descabellado pensar que la pérdida de categoría de plutón, a nivel colectivo inconsciente, no se deba a una simple decisión astronómica, sino a la tendencia actual inconsciente de negar los contenidos simbólicos que Plutón representa para el colectivo humano; y el anuncio de nuevas situaciones que hoy todavía no podemos visualizar, pero sí imaginar.
La negación de Plutón representa la tendencia de la conciencia humana a querer vincularse sólo con un mundo light, negar el origen y el pasado, despreocuparse de los aspectos que no nos gustan de nosotros mismos, negar la muerte, el dolor, el contacto con lo primero e íntimo de cada cual, entregar el poder personal suprimiendo de esta forma lo inconciente. Plutón es como la flor del loto, la más hermosa de todas, pero la cual surge de lo podrido. Desde hoy en adelante los contenidos quedan reducidos a la decoración.
Ahora que nos han secuestrado, raptado o privatizado a Plutón, la energía de ese planeta dejará de ser protagonista en la vida cotidiana de los que habitamos la tierra, sólo la podrán experimentar unos pocos. (Plutocracia, el gobierno de los poderosos.) Para unos pocos estará disponible el poder, la energía atómica, el dominio de la muerte y su negación, sólo los ricos pueden acceder a las células madres y no sería raro que de aquí a 10 años descongelaran a Walt Disney y éste respirara por media hora y los científicos felices exclamaran “hemos vencido a la muerte”.
En este momento usted puede preguntarse ¿todo esto simplemente porque a Plutón ya no se le considera un planeta? Estaría muy bien que se lo preguntase, pues justamente ese es el punto central de todo esto: toda corriente que se vincule al trabajo con lo simbólico posee la obligación de interpretar, incluso aunque el suceso sea tan poco claro que muchos astrólogos prefieran decir: “aquí no a pasado nada”.
Mirado desde la perspectiva astrológica, si la negación de Plutón como planeta proviene de una tendencia a negar su contenido simbólico, podríamos entonces estar frente a la situación en la cual la muerte, lo pequeño y profundo ya no tendría, en la conciencia del hombre contemporáneo, la fuerza necesaria como para expresarse en la consciencia. ¿No es acaso aquello al menos digno de ser mirado? La negación es una de las reacciones por excelencia ante los nuevos acontecimientos, esta vez incluso en el mundo de lo simbólico, incluso en el mundo de la astrología. Puede ser que la negación de Plutón sea tan masiva que incluso sus efectos se producen en la esfera psíquica de los que se relacionan con el mundo astrológico.
Es posible que la ausencia de Plutón separe a los astrólogos en los que repiten lo ya escuchado y los que reflexionan a partir de esta nueva escena. Pero aún más, esta ausencia no sólo afectará el quehacer de la astrología, sino el vínculo que toda persona pueda tener con sus símbolos personales y colectivos. Ya que si lo que nos permite lo simbólico es relacionarnos con aquello que no podemos expresar de mejor forma, lo bueno entonces de esta presente situación será que nos va a permitir, una vez más, mirarnos y reconocer nuestras propios aspectos sombríos e inconscientes, pues como todos estamos (nos demos cuenta o no) relacionándonos continuamente con distintos símbolos, esta nueva escena nos permitirá observar qué tan dispuestos estamos a aceptar las nuevas escenas colectivas que nuestro mundo presenta.
¿Podemos conversar en desacuerdo? Estar siempre en acuerdo es una manera de expresar enfermedad. El presente artículo que usted está terminando de leer es otro intento de reflexionar acerca de aquello que quizá, solo quizá, esta ocurriendo en la permanente relación que poseemos entre lo conciente y lo inconciente.
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